Recuperamos una entrevista realizada por TVA a principios de mayo a Héctor Torrente, director de IBIAE, en la que analiza algunas de las principales preocupaciones estructurales del tejido empresarial de la Foia de Castalla. Más allá de las referencias coyunturales propias del momento en que se emitió, Torrente aborda cuestiones de fondo que siguen plenamente vigentes, como la falta de suelo industrial, la lentitud administrativa, la presión normativa sobre las empresas y la necesidad de mantener la competitividad de un territorio con una marcada tradición industrial.
Uno de los principales problemas que señala es la escasez de suelo industrial disponible, especialmente en municipios como Ibi. Según explica, las empresas quieren crecer, ampliar instalaciones y crear empleo, pero se encuentran con un límite estructural. “Las empresas quieren crecer, quieren expandirse, quieren crear empleo, pero para crear empleo necesitas un lugar donde crearlo”, afirma.
Esta situación, advierte, tiene consecuencias directas para el territorio. Cuando los proyectos no llegan a ejecutarse, se genera un efecto desincentivador que acaba alejando inversiones. “Cuando un proyecto no se ve realizado, eso desincentiva. Las inversiones desaparecen y se destruye empleo que ni siquiera llega a crearse”, señala Torrente. Aunque el impacto no siempre es inmediato, subraya que se trata de un problema estructural que condiciona el futuro económico de la comarca.
Otro de los ejes de la entrevista es la lentitud de los procesos administrativos. El director de IBIAE reconoce que los ritmos de la administración pública y de la empresa privada no son los mismos, pero considera que la distancia entre ambos se ha vuelto excesiva. “Ya sabemos que la administración y la empresa privada tienen ritmos diferentes, pero no pueden ser tan diferentes”, apunta.
Los retrasos en licencias urbanísticas, informes y trámites burocráticos acaban bloqueando proyectos estratégicos para el crecimiento industrial. Desde su punto de vista, esta parálisis se ha convertido en un problema grave para el territorio. “La parálisis es un problema grave, porque estamos perdiendo oportunidades y, al final, eso se traduce en menos puestos de trabajo”, advierte.
En su relación con la Generalitat Valenciana, Torrente traslada una preocupación constante por la acumulación de normativas y los continuos cambios legislativos. A las empresas, explica, les resulta complicado estar siempre al día. “A las empresas les cuesta estar siempre al día porque los cambios normativos van muy rápido”, señala.
A esta situación se suma la presión fiscal, laboral y en materia de prevención de riesgos. Según expone, no se trata de rechazar la regulación, sino de que vaya acompañada de una administración más ágil. “Cuando necesitamos que la administración sea ágil y responda, muchas veces no lo hace”, lamenta.
Torrente también reflexiona sobre el emprendimiento en la Foia de Castalla. Reconoce que existe un fuerte espíritu emprendedor, pero insiste en que no basta con facilitar el arranque de una empresa si después no se le permite consolidarse. “Yo quiero emprender, pero emprender para siempre. No emprender para arrancar y después encontrarme con trabas”, afirma.
En un contexto globalizado, la competitividad es clave. “O somos competitivos en el mundo, o no lo somos”, resume, advirtiendo de que, si las empresas no pueden avanzar con agilidad, otros territorios —e incluso otros países— acaban captando inversiones que podrían quedarse en la comarca.
Pese a las dificultades, el director de IBIAE pone en valor la capacidad de adaptación del tejido empresarial local. Tras crisis como la provocada por la Covid, las empresas han aprendido a gestionar la incertidumbre. “Los empresarios están asumiendo riesgos y vulnerabilidades cada día. La gente ya sabe que todo es adaptable”, explica.
Destaca, además, el carácter del territorio y de su empresariado. “Tenemos gente muy resiliente, muy creativa y muy trabajadora. Eso nos caracteriza como territorio industrial”, subraya.
Finalmente, Torrente defiende la importancia de contar con datos objetivos para evaluar la salud económica de la comarca. “Lo más importante es saber dónde estamos, con datos objetivos, para mejorar aquello que se puede mejorar”, afirma. A su juicio, la riqueza de un territorio está directamente ligada a su nivel productivo y económico. “Si no creces, decreces”, concluye.