El Parque Científico de la UA acoge la cuarta edición de Infinitamente Reciclable, que por primera vez sale de la Foia y se celebra en un entorno universitario

El Parque Científico de la Universidad de Alicante acogió este jueves la cuarta edición de Infinitamente Reciclable, la jornada impulsada por IBIAE (Asociación de Empresarios Foia de Castalla) para visibilizar casos reales de economía circular aplicados a la industria del territorio. Esta es la primera edición que se celebra fuera de los municipios de la Foia de Castalla, en un escenario universitario que refuerza la conexión entre innovación tecnológica y tejido productivo. El acto fue presentado por el vicerrector de Estudiantes y Empleo, Raúl Ruiz Callado, junto al gerente del Parque Científico, Esteban Pelayo, el director de IBIAE, Héctor Torrente, y el presidente de la asociación, Bernardo Guillem.

Durante la apertura, Pelayo recordó que el Parque Científico es un entorno diseñado para facilitar la transferencia entre investigación universitaria y empresa, invitando a las compañías de la Foia de Castalla a acercarse para desarrollar proyectos vinculados a innovación y transición sostenible.

Empresas: circularidad aplicada desde el territorio

Uno de los momentos centrales de la jornada fue el reconocimiento a cuatro empresas de la Foia de Castalla que ya aplican la economía circular en su actividad diaria. IBIAE destacó su papel como ejemplos reales de transición sostenible “hecha desde la industria y no desde el discurso”, visibilizando prácticas que llevan años implantadas en el territorio y que conectan innovación, eficiencia y gestión responsable de recursos. Tras esta introducción se presentaron los casos de Totcartó, Bornay Aerogeneradores, Grupo Poliex y Litochap.

Totcartó explicó que su apuesta por la circularidad “empieza en el diseño”, utilizando más del 90% de materiales certificados FSC y eliminando elementos para facilitar el reciclaje. Complementa esta estrategia con autoconsumo fotovoltaico, medición de huella de carbono y digitalización industrial, además de proyectos de innovación desarrollados junto al Instituto Tecnológico de Producto Infantil y Ocio (AIJU) y la Universitat Politècnica de València (UPV).

Desde Bornay Aerogeneradores explican que su circularidad “empieza por la energía”, porque su actividad funciona con la electricidad que ellos mismos generan mediante minieólica y fotovoltaica. “Trabajamos con la energía que producimos; no dependemos de la red”, señalaron, destacando que se trata de un modelo de autoconsumo real y continuado en el tiempo. Este enfoque, aplicado desde hace décadas, se ha exportado a otros países, como en el Valle de Mangola (Tanzania), donde su tecnología permitió mantener vacunas refrigeradas y garantizar suministro eléctrico básico a la comunidad.

En Grupo Poliex, especializados en envase técnico y semilleros agrícolas en poliestireno expandido (EPS), explican que su circularidad se aplica directamente al material que utilizan: “lo que fabricamos vuelve a entrar en el proceso”. El residuo se tritura, se compacta y se convierte en granza para fabricar nuevos productos, y muchos de sus semilleros pueden reutilizarse durante varias campañas antes de regresar al ciclo. Además, la empresa trabaja para evitar la dispersión de microplásticos durante la producción: han implantado sistemas de control y limpieza que impiden que las pequeñas partículas (pellets) salgan de la planta y acaben en el entorno. Este enfoque se completa con la reutilización del agua procedente del proceso de ósmosis, que se reintegra a la actividad industrial en lugar de desperdiciarse.

Por su parte, Litochap defendió que “el reciclaje no es economía circular, es solo la última etapa”. Su enfoque se basa en el diseño orientado a segunda vida y en el uso de hojalata 100% reciclable, complementado con eficiencia interna: optimización del corte para reducir mermas, reacondicionamiento de maquinaria y aplicación de análisis de ciclo de vida (ACV).

Contenido técnico y divulgativo

Tras los casos empresariales, la jornada dio paso al bloque académico, centrado en el análisis técnico y la comunicación científica del plástico dentro de la economía circular. Intervinieron el catedrático de Ingeniería Química de la Universidad de Alicante, Andrés Fullana, y la divulgadora científica Débora García, que ofrecieron dos visiones complementarias sobre el reto de la circularidad.

El catedrático Andrés Fullana planteó la circularidad desde el análisis de ciclo de vida: todo proceso de recuperación de materiales consume energía y recursos, de modo que la decisión debe basarse en si compensa ambientalmente. Expuso que el balance varía con la fuente energética: con energía renovable, el reciclaje mejora el resultado; si depende de energía fósil, puede no hacerlo. Añadió que no todos los reciclajes conducen al mismo destino: la circularidad real exige mantener la calidad del material para usos de mayor valor y gestionar la descontaminación con criterios de seguridad, asumiendo que la “pureza total” no es alcanzable y que lo determinante es que el material resultante sea seguro para su aplicación.

La divulgadora científica Débora García abordó su intervención desde la evidencia científica y la comparación entre materiales. Explicó que, en análisis de ciclo de vida, el plástico parte con ventaja “porque es reciclable, infinitamente reciclable” y porque su ligereza reduce impacto energético en transporte y uso. Señaló que existe una brecha entre percepción pública y datos técnicos y que ese desfase hace necesario “divulgar muchísimo más”.

También defendió la legitimidad del conocimiento experto en este debate y afirmó que “hay que dar voz precisamente a las personas que tienen autoridad”, ya que son quienes pueden explicar con rigor qué decisiones son sostenibles y cuáles no. En el plano comunicativo, insistió en que “plástico y economía circular tienen que ir unidas”, y recordó que dentro del modelo circular “el reciclaje es la última etapa” y no la única. Cerró subrayando el papel del ecodiseño: “cuando hablamos de ecodiseño es diseñar sabiendo cómo va a ser el resto de su vida”.

La jornada terminó con la idea compartida de que la circularidad ya no es un concepto teórico, sino una práctica que muchas empresas llevan años aplicando sin haberla bautizado así. La novedad de esta edición no fue el discurso, sino el contexto: por primera vez salió del territorio industrial para dialogar con el ámbito universitario, abriendo la puerta a futuras colaboraciones entre la Foia de Castalla y el ecosistema de investigación de la UA.

Empresas reconocidas este año: Totcartó, Bornay Aerogeneradores, Grupo Poliex y Litochap.
Litochap, fabricante de latas y envases de metal, fue una de las cuatro compañías reconocidas en esta nueva edición.
Aerogeneradores Bornay fue otra de las empresas reconocidas por su circularidad en su modelo productivo.
Grupo Poliex, fabricación de envases y embalajes personalizados de poliestireno, fue otra de las cuatro empresas que recibieron el reconocimiento.

Totcartó, empresa familiar en fabricación de soluciones de packaging de cartón, fue otra de las compañías reconocidas.